07.04.2013 19:56

CAPITULO 30

 

 Laura:


Llevábamos tres días planeándolo todo: mi tío Nicolás nos había comprado una tienda de campaña enorme en la que dormiríamos Nico, Berto, Daniela y yo, cuatro sacos de dormir para cada uno y dos mantas, porque aunque fuese verano, por las noches siempre refrescaba mucho. La verdad es que agradecía a mis tíos lo bien que se estaban portando con nosotras y todo lo que estaban haciendo para que nos lo pasáramos lo mejor posible y lo estaban consiguiendo. Mi madre hablaba día si y día no con mi tía Loli y no hacía más que darle las gracias por todo, eran los mejores tíos del mundo y no nos habían puesto problemas con lo de irnos de camping, supongo que sería porque íbamos con Nico y que él cuidaría de nosotras.


El día había llegado y nos encontramos todos en el centro comercial, para salir desde allí todos juntos. Sara, Lola, Nico, Berto y Luis irían en el coche de Luis y Daniela y yo en las motos de Sergio y Álvaro. Metimos nuestro equipaje en el coche. Llevaba unos shorts rosa fuerte con una camiseta ancha y unas vans negras, dejé mi melena suelta y ya estaba lista para ir al lago.
-¿todos listos?
-ya estamos- dijimos todos colocándonos en nuestros puestos
-pues nos vemos allí chicos-dijo Álvaro despidiéndose


El camino era bastante corto, en tres cuartos de hora llegamos al lugar, no había visto un paisaje tan bonito desde hacía mucho tiempo. El lago era enorme y lo rodeaba un denso bosque verde con multitud de arboles palmeras y arbustos, se podía respirar perfectamente el aire puro que desprendían. Solo había un par de casas en lo alto del bosque pero no había casi nadie por el lago. Vimos que la zona de camping se encontraba más abajo de donde estaba el aparcamiento así que bajamos como pudimos cargados de mochilas, comida y todo tipo de bártulos que nos hacían falta para vivir esos cuatro días allí. Había dos o tres tiendas de campaña más y nosotros nos pusimos en una zona en la que creíamos que cabrían todas nuestras cosas, incluidas las tiendas de campaña que llevábamos.
-bien, yo creo que aquí cabemos perfectamente y estamos cerca de todo- dijo Berto señalando todo lo que teníamos alrededor, incluida la casetilla donde se encontraban los cuartos de baño y las duchas
-me parece bien- asintió Lola
-bueno ¿quien me ayuda a poner nuestra tienda?- preguntó Sergio, que en principio compartiría tienda con Álvaro y Luis, Lola y Sara traían otra más pequeña para ellas dos.
Nos pusimos todos a trabajar, colocar una tienda de campaña no era tan fácil como creíamos, tenían miles de tornillos, tuercas y necesitábamos todo tipo de herramientas para enlazarlo todo. Menos mal que Nico sabía hacerlo porque ya se había ido de camping, así que la colocó él, mucho más rápido que los demás. A Lola y a Sara les estaba costando mucho colocarla así que no dudaron en pedirle ayuda a Nico, a Lola se le notaba un montón que estaba colada por él. 
-¿Nico puedes ayudarnos? Esto es imposible- dijo Lola en tono de pena
-claro- dijo Nico encantado -mira es muy fácil, colocas esto aquí y esto otro allí y ya está- le explicó
-muchas gracias Nico eres el mejor- dijo Lola dándole un fuerte beso en la mejilla, mientras tanto Daniela no paraba de observar la situación, estaba claro que le molestaba un poco el simple hecho de que se llevaran tan bien.
Una vez colocadas todas las tiendas de campaña dejamos nuestras cosas dentro y decidimos ir a darnos un baño al lago. 
Álvaro me cogió de la mano cuando íbamos de camino al lago.
-lo vamos a pasar genial ¿verdad?- me dijo con una sonrisilla
-por supuesto- asentí
-pero eso de dormir con tu primo y el amigo es solo un cuento para que tus tíos se lo crean ¿no?
-bueno ya veremos- dije quitándole importancia, sabía perfectamente lo que estaba intentando, y no era precisamente que durmiera con él, estaban claras sus intenciones y yo me puse nerviosa ante la idea, ¿estaba segura de que quería hacerlo con Álvaro? Mi único pensamiento fue Nacho, solo lo había hecho con él, solo había tenido esa confianza con él, solo lo había querido a él. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo, me aterraba no ser capaz de afrontar que Nacho ya formaba parte del pasado.

Álvaro me ayudó a bajar las rocas que conducían al enorme lago, cuando las bajé todas le di un fuerte beso. No me merecía la pena pensar en Nacho cuando él debe estar haciendo de todo con esa tal Clara, lo que tenía que hacer era olvidarme y disfrutar con Álvaro. 

Llegamos al lago, era precioso el agua estaba muy limpia y no se movía en ningún momento. Llegamos hasta el embarcadero que había y dejamos la ropa allí tirada. 

Nos dimos un buen y largo baño sin darnos cuenta de la hora que era.
-chicos deberíamos comer ya, ¿no tenéis hambre?- dijo Luis, que poco a poco se iba integrando mas en el grupo
-para eso estáis vosotras ¿no chicas?- dijo Berto irónicamente, los niños rieron
-si claro, pues ahora por listo vas a prepararnos la comida tú- dijo Lola, y las demás reímos


Entre risas y discusiones, conseguimos salir del agua e ir hacia nuestras tiendas.
Comimos arroz con tomate y salchichas que traíamos hecho de casa y nos pusimos alrededor de una mesita plegable. Se estaba demasiado bien allí, el sol nos dejaba respirar porque había muchos árboles que nos lo tapaban y la brisa que corría era perfecta para echar una buena siesta después de comer. Nos sentamos en las sillas de playa que habíamos traído y poco a poco nos íbamos relajando. De repente alguien interrumpió toda esa tranquilidad.
-hola amigos- un hombre mayor con una barriga que se le salía de la camiseta y una cerveza en la mano nos saludó asomándose desde detrás de unos cables en forma de tendedero.
-¿qué tal?- respondió Berto al ver que ninguno lo hacíamos
-yo soy vuestro vecino de tienda, aquí me tenéis para lo que queráis y no hagáis mucho ruido ¿eh?- tenía un acento raro, no sabíamos si era por el alcohol o que realmente hablaba así, el hombre se metió en la tienda, parecía buena gente y se le veía gracioso. Volvimos a nuestras posiciones anteriores y empezamos a escuchar un ruido muy agudo que venía de su tienda.
-dios mío ha puesto la radio, ¿este hombre va a ser siempre así?- dijo Sergio
-como tenga que ponerse la radio todas las noches aquí no dormimos ninguno- dijo Sara riendo
-pues se tendrá que quedar sin radio el pobre hombre- dijo Álvaro irónicamente y todos reímos.
Estuvimos un buen rato hablando y jugando a las cartas, pasamos una buenísima tarde, pero ya anochecía y empezaba a refrescar. Lo mejor que pude hacer fue acurrucarme entre los brazos de Álvaro, realmente la idea de hacerlo con él empezaba a  asustarme cada vez menos.

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