13.05.2013 18:01

CAPITULO 52

 

Laura:


Estaba teniendo una pesadilla y me desperté sobresaltada y con la respiración acelerada, había soñado que a Paula la operaban y lo pasábamos todos fatal. Pero no quería pensar en eso, no quería ni imaginármelo. No era muy tarde por lo que Nico y Daniela todavía estaban dormidos pero yo ya no tenía más sueño. Decidí coger la bici e ir a dar un paseo. Las calles estaban solitarias, los primeros rayos de sol del amanecer empezaban a deslumbrar y yo no paraba de pedalear. Ojalá pudiera irme lejos y olvidarme de lo que estaba pasando en ese momento. Pero no, tenía que afrontar la realidad, y la realidad era que mi prima estaba ingresada en el hospital y grave, mis tíos cada vez llevaban mas días sin dormir y mi primo no podía estar más cabreado. ¿Y yo? Yo que podía hacer? Me sentía fatal, inútil, como un cero a la izquierda, incapaz de hacer algo para ayudar a mi familia y conseguir que todo saliera hacia delante. Esa respuesta solo me la podía dar ella, mi madre. Llegué a casa después de un largo paseo en bici, estaba cansada y me senté en una tumbona del jardín. Llamé a mi madre, ella siempre tenía respuesta para todo, siempre me daba una opción a lo que fuera y siempre buscaba solución a mis problemas, realmente la necesitaba aquí conmigo, la echaba de menos y mucho.
-¿Laura? ¿Qué haces llamando tan temprano cariño?- su voz desprendía la misma dulzura de siempre, estaba extrañada, nunca la solía llamar por la mañana y menos tan temprano.
-mami ¿qué tal todo?
-pues muy bien hija, aquí estamos todos bien pero ¿por allí? ¿Cómo está tu prima? 
-bueno, ayer cuando la vi parecía contenta aunque no le gustaba mucho que le tuvieran que hacer pruebas y esas cosas pero al fin y al cabo se le veía feliz
-que bien cielo, espero que salga todo bien
-mamá te echo mucho de menos, si estuvieras tú aquí sabrías que hacer en cada momento, me ayudarías con todo, es que me da mucha pena verla así y no poder hacer nada
-es que tú no tienes que hacer nada, simplemente tienes que darle muchas muestras de cariño a Paulita y que al menos el tiempo que esté allí no esté triste, y ayuda en casa, sobre todo, ayuda a tus tíos con lo que puedas
-vale mamá lo haré
-cuídate hija, un beso
Colgué el teléfono y me quedé un rato pensando. Teníamos que ir al hospital cuanto antes. Se me había ocurrido una idea.
Subí corriendo a la habitación de Nico y me tiré en su cama sin hacer mucho ruido pero él se dio cuenta y abrió los ojos.
-buenos días Nico, a desayunar que tenemos que ir al hospital- dije rápidamente y saliendo del cuarto, escuché que Nico se levantaba y se dirigía hacia el baño, ahora tocaba despertar a Daniela, siempre tan dormilona. Le empecé a hacer cosquillas y enseguida se levantó de un brinco.
-¿pero qué haces?- dijo
-tenemos que ir al hospital Dani.
Estábamos desayunando cuando de repente escuché el timbre de la puerta.
-¿quién puede ser a estas horas de la mañana?- preguntó Daniela
-es Berto, me dijo que lo llamara cuando fuese al hospital, él también quiere verla- dijo Nico abriendo la puerta
-¿que tal estáis?- dijo Berto cuando entró. La verdad es que me alegraba de que viniera porque al menos con él, Paula no se aburriría.
Terminamos de desayunar, yo le cogí algunos bollos con chocolate para Paula porque seguro que en el hospital no le daban comida buena y esos bollos eran sus preferidos, le encantaban.
-vámonos- dijo Nico saliendo de la casa.
Nos montamos en el coche, nadie dijo nada en todo el camino, aparte de que estábamos muertos de sueño ninguno sabia de que hablar pero al fin y al cabo todos estábamos pensando en lo mismo: en el momento en el que Paula saliera del hospital, con su sonrisa de siempre y su alegría habitual que estos dos últimos días había desaparecido por completo de su rostro.
-para, para aquí un momento- le dije a Nico indicándole que aparcara
-¿para qué? ¿Qué quieres hacer?
-tu hazme caso y Dani acompáñame por favor.
Daniela y yo nos bajamos del coche, y nos dirigimos hacia una juguetería que acababa de abrir.
-¿qué quieres comprar?-me dijo Daniela extrañada- mira seguro que esto le encanta- dijo mostrándome un estuche de pinturas
-no, no es eso exactamente lo que busco-dije mirando hacia todas las estanterías, con la esperanza de encontrar lo que Paula siempre me decía que quería y que le haría mucha ilusión.
-¿y que es?
-¡esto!-dije corriendo hacia una esquina de la tienda y cogiéndolo con todas mis fuerzas, como si alguien me lo fuera a quitar de las manos. Se trataba de un oso de peluche, pero no un oso cualquiera, era gigante, y muy suave

-¡pero es enorme!- se asombró Daniela
-es que es esto lo que Paula quiere, le encantan los osos y a tamaño real mucho mas
-bueno si es eso lo que quiere, vamos a pagarlo venga.
Pasamos por la caja para comprar el oso, casi era más grande que yo.
Cuando salimos de la tienda Nico y Berto se quedaron asombrados al ver lo que había comprado.
-¿pero esto qué es? ¿Nuestro nuevo amigo?- bromeó Berto
-mi hermana siempre ha querido tener uno-dijo Nico- seguro que le hace mucha ilusión Laura
-si pues el osito este vale por uno más porque ocupa un asiento entero el cabrón- rió Berto.
Al fin llegamos al hospital, subimos al pasillo donde se encontraba la habitación de Paula y antes de entrar llamamos a la puerta porque podría estar dormida.
-¿se puede?- pregunto Nico 
-claro pasad- nos dijo mi tía
-¿puede pasar don oso amoroso?-dijo Berto cambiando la voz y andando detrás del peluche sin que se le pudiera ver
-¡ala!- Paula gritó de emoción al ver el oso de peluche y miró a Nico para darle las gracias.
-no enana dáselas a ella que te lo ha regalado-dijo Nico señalándome
-¡eres la mejor prima del mundo mundial!- dijo la niña abrazándome desde la camilla. Luego Berto le dio su oso y ella lo abrazó también con mucho entusiasmo, se le veía feliz y contenta, y había sido gracias a mí, eso me encantaba.
-tita os podéis ir a casa si queréis, nosotros nos podemos quedar con ella
-no cariño, no queremos irnos, ahora van a venir los médicos para hacerle unas pruebas de los pulmones, nos han dicho que no será nada pero no queremos irnos ahora.
-¿de verdad? ¿Estas segura?
-si cielo muchas gracias por todo de verdad.
Paula no paraba de reírse con las bromas que le gastaba Berto, me alegraba que por fin pudiera estar contenta.
-bueno pequeña ¿has desayunado?
-si pero unas galletas que no me gustaban mucho
-pues mira lo que te he traído- le dije ensenándole los dos bollos de chocolate que había cogido para ella
-¡que guay! ¡Me los has traído! Menos mal porque tengo un hambre...gracias Laura, te quiero
-y yo a ti peque
-no, la niña no se puede comer eso, lo siento-nos interrumpió una voz masculina un tanto seria y rígida, era un médico que llegó con una carpetita en sus manos y tenía una cara muy seria- es que tiene que hacerse las pruebas y no debe comer nada
-perdón ya se las comerá luego- le dije
-pero yo no quiero hacerme esas pruebas- dijo Paula algo enfadada
-enana tienes que hacértelas o ¿es que no quieres volver a casa con todos nosotros?- le dijo Nico cogiéndole de la mano
-bueno hasta que obtengamos los resultados no podrá volver a casa- dijo el médico
-entiendo 
Parecía que aquel medico solo quería fastidiar, estropear todo lo que le decíamos a Paula para convencerla de que se tenía que hacer las pruebas, no nos ayudaba para nada.
Nos dijo que teníamos que salir de la habitación, que durante las pruebas no podía estar nadie. Nos sentamos en los asientos que había en el pasillo a esperar, todos estábamos nerviosos. De repente sonó mi móvil, era Álvaro, no había estado muy pendiente suya con lo de Paula pero aun así lo necesitaba más que nunca.
-hola
-¿que tal estas? ¿Cómo esta tu prima? ¿Sigue en el hospital? ¿Donde estas?- no paraba de hacerme preguntas se le veía preocupado y eso me hacía sentir bien
-bien está bien ahora le están haciendo pruebas estoy en el hospital
-pues voy para allá, no estoy bien sino estoy allí contigo
-no Álvaro no hace falta que vengas de verdad estoy bien
-me da igual, yo no, enseguida estoy allí.
No me dio tiempo de decirle nada más porque me colgó. Estaba claro que cuando se le metía algo en la cabeza no había quien se lo sacase.
Cuando llegó no pude evitar abrazarlo con todas mis fuerzas, era lo que más necesitaba en ese momento.
-eh ya estoy aquí tranquila- me susurró al oído.


Ya era la hora de comer y los médicos todavía no habían salido de la habitación de Paula.
-¿queréis algo de comer?- preguntó Berto-voy a bajar al bar
Ninguno teníamos ganas de comer, era lo último que nos preocupaba en aquel momento.
Por fin abrieron la puerta de la habitación y pudimos entrar a verla, estaba dormida por la anestesia que le habían puesto. El médico nos dijo que esperásemos a los resultados.
No quisimos despertarla así que mis tíos se fueron a por algo de comer, que llevaban tiempo sin hacerlo. 
Cuando por fin se despertó y nos vio allí apareció en su cara una leve sonrisa.
-dentro de nada vas a volver a casa enana- le dijo Nico revolviéndole el pelo.


Y así lo hicimos todos, volvimos a casa y con Paula, los resultados de las pruebas habían sido buenos y ya le dieron de alta. Esa noche todos pudimos dormir tranquilos.

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